Thursday, May 25, 2006

El dia que nació la Fuerza

Visto desde una perspectiva actual, resulta difícil de creer que George Lucas se enfrentase a tantos problemas para rodar La guerra de las galaxias. Recortes en el presupuesto, abandono de productores y una desconfianza generalizada de la industria fueron la antesala del estreno. Pero en su primer fin de semana, el filme convirtió esta falta de crédito en su propia Fuerza, al igual que los caballeros Jedi de la historia de Lucas se aprovechaban de la energía del universo.

Con apenas 10 millones de dólares de presupuesto, a los dos días La guerra de las galaxias había recaudado 36. La película se convirtió de la noche a la mañana en un fenómeno global, aupada por tres factores clave. En primer lugar, la renovación del género de aventuras propuesta por Lucas. El director confesó haberse inspirado en la ciencia ficción clásica de los años treinta —Flash Gordon fue su modelo inicial— pero añadió un revoltijo de referencias que cuajaron en una visión muy personal: de la influencia de Akira Kurosawa (La fortaleza escondida) a la Roma clásica y los mitos caballerescos, pasando por homenajes al Gordo y el Flaco (transformados en los androides R2D2 y C3PO).

Segundo, las virtudes del filme en si. Sin ser la perfección técnica, La Guerra de las Galaxias es un modelo de guión, de eficacia narrativa y un prodigio de montaje. Un reparto de desconocidos (Mark Hamill, Carrie Fischer y Harrison Ford, entonces carpintero de escenario) y secundarios de lujo (las actuaciones sin fisuras de Alec Guinness y Peter Cushing) le dio carne a una historia sobre la eterna lucha del bien y el mal, concretados aquí en los desvelos de la Alianza Rebelde por vencer a las tropas imperiales comandadas por Darth Vader, uno de los malos más memorables del cine. Si se le añade la partitura inolvidable de John Williams —sigue sonando en miles de teléfonos móviles— y el impacto de los efectos especiales, sale una película redonda. De hecho, fue la base para empresas como Industrial Light & Magic, que durante los ochenta llevaron los efectos a terrenos inéditos y que culminaron con la revolución digital.

Espíritu pionero

Este mismo espíritu pionero lo aplicó Lucas al que sería el tercer factor de su éxito: podría decirse que inventó la mercadotecnia en el cine tal y como hoy la entendemos. Lo que en un principio fue consecuencia de un presupuesto ridículo —como el director no tenía dinero para una promoción convencional pensó que sería una buena idea estampar camisetas de su producto— se transformó en el verdadero negocio: desde chapas a maquetas y figuras articuladas, pasando por libros y tebeos o el inagotable filón de los videojuegos, todo lo que lleve el sello Star Wars es venta segura.

Tres años después Lucas rodó una continuación, El imperio contraataca, y cerró la trilogía con El retorno del Jedi (también se estrenó un 25 de mayo, el de 1983). Un cierre en falso, ya que a finales de los noventa se rodó la precuela, tres nuevos filmes que detallaban los sucesos previos a La guerra de las galaxias. Fueron un éxito, pero carecían del alma de sus predecesoras: esa mezcla de ingenuidad, talento, visión y orgullo friqui, que, por cierto, hoy celebra su día. El mismo que nos hace enorgullecernos de tener a Darth Vader de ratón de ordenador, por ejemplo, o sabernos de memoria algunos diálogos del filme que nos acompañarán de por vida. Igual que la Fuerza.


Xesus Fraga

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